Las 10 preguntas más temidas en la cena de Nochebuena

¿Con qué nos sorprenderá este año la cena de Navidad? El 24 de diciembre es una fecha en la que todas las familias se reúnen para celebrar la nochebuena en casa de los padres. Una noche mágica que has estado esperando durante 12 largos meses con impaciencia e ilusión… ¡NI DE COÑA! Cuando llega ese día vas con el miedo en el cuerpo porque sabes que sí o sí caerá la batería de preguntas incómodas que nunca falla:

¿Me pelas las gambas, porfi?

Siempre, siempre está el primo o hermano pequeño que no sabe pelar las gambas y sabes que te lo pedirá a ti porque, por suerte o por desgracia, te has tenido que sentar a su lado. Tiene gracia, porque no es capaz de pelar una ridícula gamba pero controla los comandos de su Play Station como un experto.

¿Cómo vas de novios?

A veces, parece que las tías o las abuelas de la familia sean robots con preguntas destroyer. Si la última vez que te vieron estabas soltero/a, tarde o temprano lanzarán el misíl. Es de las más temidas porque sabes que te destrozará por dentro al recordarte que estás más solo que Adán en el día de la madre.

¿No os acabáis los turrones? Que si no tendré que tirarlos…

¿Y si no compras todo el supermercado, abuela? Qué manía tienen los mayores de sacar paquetes y paquetes de guarradas navideñas (¿dónde guardan tanta comida?). Te pasas el día con galletas, polvorones y turrones en la boca y, claro, al final terminas con un subidón de azúcar de la leche. Cómete el último mazapán de la bandeja y explotas.

Niño, ¿no te vas a terminar el plato?

Pero bueno, ¿es que no hay más gente sentada en la mesa? Ahí está la tía o la abuela preocupada porque te has dejado tres migas de pan en el plato. Ya me he desatado el cinturón y el pantalón. Qué quieres, ¿que me quite también la faja? Siempre te verán con cara de tragabolas. Venga, ¡echa otro muslo de pavo!

Estos pantalones no te iban grandes el año pasado, ¿no?

Tu madre siempre tiene que poner la guinda del pastel cuando toda la familia está escuchando. ¿No me lo podrías decir en casa a solas? ¿O más discretamente? No, amigos…  A las madres les gusta llamar la atención cuando están rodeadas de familia. A lo mejor la culpa es de la secadora, que no furula.

¿Cómo han ido las notas?

A ver, si no te cuento nada será por algo, ¿no crees? Qué manía de sacar el tema, si en el fondo les da lo mismo que saques un 4,5 que un 8,2. ¡Es-mi-pro-ble-ma!

¿Me ayudas a poner la mesa?

La pregunta de la noche que te hacen justo cuando más cómodo estás en el sofá y en medio de la conversación más interesante. No es que no quieras ayudar, pero te pones a pensar en la mesa interminable de 6 metros de largo por 4 de ancho y te entran los sudores. Busca el mantel por toda la casa, cuenta todos los cubiertos, coloca las servilletas con forma de cisne, enciende las velas… Al final aquello parece un banquete de la Edad Media.

¿Para cuándo el niño? Se os va a pasar el arroz…

BAM! Tenía que salir el tema…. Si todavía no sé cómo mantenerme en vida, ¿cómo quieres que traiga un niño al mundo? Bastante trabajo es ya dar de comer al perro como para tener que cambiar pañales sucios y preparar papillas… ¡Quita, quita!  

Ay, voy a sacar la cinta de los villancicos. ¿No cantas?

Otra vez no… ¡Pero qué dura es la vida! Ahora toca cantar las mismas cancioncitas de cada año, esas tan repetitivas de los cassettes desgastados que llega un punto que parecen diabólicas. Seguro que los niños del coro ya están disfrutando de su jubilación y con nietos.

¿Y tienes planes para estas navidades?

¡No lo sabes tú bien! Soy la envidia del barrio, escucha con atención: me esperan dos semanas de estudio intensivo para preparar los exámenes de enero. ¡Viva la magia de la Navidad!

Y a ti, lector: ¿qué plan de Nochebuena te espera este año? 😉